El Arte de Madrid
La existencia de población asentada a orillas del Manzanares, donde luego habría de surgir la villa que sería la capital del reino, está atestiguada por hallazgos correspondientes al paleolítico y al neolítico, fundamentalmente en torno al Manzanares y en los terrenos donde hoy se asienta la Ciudad Universitaria. En la provincia son de interés la cueva del Reguerillo (Patones) y las de Perales de Tajuña. Restos romanos se han hallado en Carabanchel, pero realmente no se puede hablar históricamente de una población, quizá surgida en torno a una fortificación, hasta el s. IX (v. II). Del inmediato periodo anterior son escasos los restos conservados, como los visigodos de Talamanca y una lauda del mismo estilo en Valdeolmos. Por numerosos testimonios históricos se puede reconstruir la fisonomía del Madrid medieval cristiano, del que quedan algunos vestigios. Corresponden a este periodo los subsistentes restos de la muralla, del más alto interés, aparte de no pocas denominaciones toponímicas que aún persisten. Trozos de muralla se conservan en la cuesta de la Vega, junto al Viaducto y en las calles del Almendro y de la Escalinata, a través de las cuales se puede reconstruir idealmente este recinto en torno al primitivo alcázar, en el que se advierten obras de diversas épocas. Vinculada la villa al círculo cultural toledano, la arquitectura mudéjar, de la que existen restos de importancia en la provincia como Móstoles, Talamanca y Camarma de Esteruelas, se halla representada por la magnífica torre de la iglesia de S. Pedro, la cabecera con su torre de la iglesia de S. Nicolás y la cabecera de la de Carabanchel. Aunque se conservan algunos restos de la arquitectura románica, como la cabecera de la iglesia de Talamanca, de este periodo no queda nada en la capital.
Al periodo gótico corresponden numerosas iglesias en la provincia, fundamentalmente de los s. XV y XVI, entre las que sobresalen las de Colmenar Viejo, Torrelaguna, Colmenar de Oreja, Fuente el Saz, Meco y sobre todo el magnífico monasterio del Paular, además de numerosas fortificaciones como los castillos de Manzanares el Real, Villafranca y Batres. Numerosos testimonios hablan de la importancia de las construcciones góticas de la villa, entre las que sobresalían las desaparecidas iglesias de S. Domingo y S. Francisco, de las que se conservan algunos restos en el Museo Arqueológico Nac. Corresponden ya a fines del gótico las obras subsistentes, como la reconstruida iglesia de S. Jerónimo el Real, la puerta del Hospital de la Latina, conservada en los jardines de la Escuela de Arquitectura, y la torre y palacio de los Lujanes en la plaza de la Villa.
En el s. XVI Madrid comienza a adquirir gran importancia como residencia a veces del Gobierno y de importantes familias. De las obras realizadas en el antiguo alcázar nada quedan, al desaparecer éste en el s. XVIII. Se conservan palacios de la primera mitad del siglo como la casa de Cisneros y fachadas platerescas, de tipo toledano, como la de las Descalzas Reales. Centro de vital importancia es Alcalá de Henares, de donde irradia el arte plateresco por su comarca, así como contribuye poderosamente a la creación del llamado estilo Cisneros, según se aprecia particularmente en el paraninfo de la Universidad. En Madrid sobresale, como obra señera y excepcional, la magnífica capilla del Obispo, aneja a la iglesia de S. Andrés, en la que el retablo y el sepulcro de Gutierre de Carvajal se cuentan entre las más bellas y características creaciones del Renacimiento hispánico, debidas al gran escultor Francisco Giralte.
De 1561 a nuestros días. La fijación de la capital en esta villa de Madrid por Felipe II en 1561 determina una profunda renovación y acrecentamiento de su riqueza artística. Madrid comienza a ser el centro artístico de toda Castilla. Se construye el magnífico convento ya citado de las Descalzas Reales, se emprende la renovación del palacio del El Pardo, se hace el puente de Segovia y se amplía el convento de S. Jerónimo; subsiste de esta época el claustro anejo. No obstante, la obra más importante de este momento es la construcción del monasterio de S. Lorenzo el Real de El Escorial , que ha de ejercer gran influencia en el futuro del arte castellano.
La actividad emprendedora de Felipe III y, fundamentalmente, de Felipe IV supone un cambio esencial en la fisonomía de Madrid en la primera mitad del s. XVII.
Entre los numerosos arquitectos sobresalen Juan Gómez de Mora y Alonso Carbonell , este último protegido por el conde-duque de Olivares. A este periodo corresponde el llamado Madrid de los Austrias; destaca la construcción de la plaza Mayor, la actual catedral, antes iglesia de la Compañía de Jesús, la mutilada capilla de S. Isidro en S. Andrés, los conventos de la Encarnación y de S. Plácido, las Casas Consistoriales y la antigua cárcel de Corte hoy Ministerio de Asuntos Exteriores, aparte de un buen número de iglesias y conventos que integran una escuela esencial en el desarrollo de la arquitectura barroca en su primera fase. Sobresale asimismo en la provincia el convento de dominicas de Loeches, entre las numerosas iglesias que ahora se rehacen o se inician. Merece especial atención la construcción del palacio del Buen Retiro con sus jardines, del que subsisten parte de éstos y del antiguo palacio, hoy Museo del Ejército y Casón. Merced al plano de Teixeira de 1656 y los numerosos testimonios literarios y documentales, nos podemos dar una clara idea del aspecto de la villa de Madrid al finalizar la primera mitad del s. XVII.
En las artes figurativas, la escultura, si bien deriva en buena medida del arte escurialense, su relación con la escuela de Valladolid es clara. La misma estancia en Madrid de Gregorio Fernández es un dato importante; las relaciones se vieron favorecidas por el momentáneo traslado de la corte a la ciudad del Pisuerga. Sobresale la figura de Manuel Pereira . En la pintura, se advierte la fusión de los ideales estéticos de los pintores cortesanos escurialenses, en estrecha relación con los italianos, con las aportaciones flamencas, al mismo tiempo que la actividad de Velázquez en la Corte supone una aportación andaluza que contribuye poderosamente a la configuración de la gran escuela madrileña que florece durante el reinado de Felipe IV. Palacios e iglesias se colman de pinturas, y desde Madrid irradia un arte que prácticamente anula las demás escuelas castellanas, movimiento favorecido por el sentir estético del monarca. En la segunda mitad del s. XVII, que comprende fundamentalmente el reinado de Carlos II, es esencial la aportación del arte salmantino de los Churrigueras , que vitalizan la escuela madrileña. Corresponde a este momento la iglesia de S. Cayetano y el poblado de Nuevo Baztán, modelo en su género. La escultura se hace más delicada e íntima con no pocos contactos con las escuelas andaluzas, mientras la gran escuela de pintura tiene en Carreño de Miranda y Claudio Coello sus dos más característicos representantes.
En la primera mitad del s. XVIII, instaurada la nueva dinastía de los Borbones y antes del triunfo del neoclasicismo, se advierte una disociación entre el arte oficial cortesano y el popular. En el primer aspecto, los Borbones introducen un arte que refleja el estilo francés de Versalles y el italiano de las cortes de Turín y Nápoles. La destrucción del Alcázar de Madrid en 1734 obliga a la construcción de un nuevo Palacio Real, erigiéndose el actual bajo la dirección del italiano Sachetti y en el que la participación de artistas italianos y franceses es decisiva. Paralelamente, se renuevan los Palacios Reales, fundamentalmente el Sitio Real de Aranjuez y se inician las reformas interiores de El Escorial y El Pardo. Al mismo tiempo, en la arquitectura madrileña, la actividad del gran arquitecto Pedro de Ribera supone una profunda renovación; a él se deben edificios tan característicos como el puente de Toledo, el cuartel del Conde Duque y la fachada del antiguo Hospicio, hoy Museo Municipial. En las artes figurativas asistimos a un momento de crisis, máxime si se tiene presente el gran desarrollo de la escultura y particularmente de la pintura en la centuria anterior.
Con la fundación de la R. A. de S. Fernando y con la intensa actividad desplegada por Fernando VI y, sobre todo, por Carlos III, se inicia un gran periodo de esplendor en el que triunfan las formas neoclásicas. La gran labor desarrollada por Ventura Rodríguez , a quien se debe la iglesia de S. Marcos, y de arquitectos
franceses como Carlier, que construye la iglesia de las Salesas Reales (S. Bárbara), da paso al triunfo del neoclasicismo con uno de los mejores arquitectos madrileños, Juan de Villanueva , que traza la iglesia del Caballero de Gracia y el conjunto integrado por el actual Museo del Prado (Museo de Ciencias Naturales), jardín Botánico y Observatorio Astronómico. Las Reales Fábricas de Tapices de S. Bárbara y de Porcelana del Retiro, así como la actividad de buen número de escultores y pintores de diverso origen, contribuyen a la creación de un nuevo gusto y a una renovación estética en la que Francisco Goya sobresale de manera excepcional.
Aún más que en las centurias anteriores el Madrid del s. XIX es el centro de la actividad artística española. El movimiento romántico, la desamortización de Mendizábal , con el obligado abandono de los edificios eclesiásticos, y la política liberal son factores de la creación de un Madrid burgués, que prácticamente ha llegado a nuestros días. Se abren nuevas calles, se planean organizaciones urbanísticas, se erigen numerosos monumentos públicos y la R. A. de S. Fernando se convierte en el centro de la actividad artística a lo largo del s. XIX, favorecida por las Exposiciones Nacionales y la organización de los Museos públicos. Surge un arte ecléctico, que si de una parte supone una repristinación de los estilos históricos, por otro lado representa la iniciación de un modernismo sumamente característico. Particular importancia tiene la escuela de pintura que adquiere propiamente el carácter de una escuela nacional, pues Madrid se convierte en el espejo de la nación en sus más características modalidades, de acuerdo con la política centralista del s. XIX.
En el siglo XX, si bien durante el primer tercio asistimos a la lenta evolución de las formas heredadas de la anterior centuria, se advierte en el segundo tercio del siglo un significativo desarrollo, que en arquitectura ya se anuncia con el proyecto de la Ciudad Universitaria y que posteriormente desborda y supera en mucho los planes pensados y proyectados, transformando profundamente el aspecto urbanístico, particularmente en los últimos 20 años. Como obra de gran empeño en la provincia sobresale la construcción del Valle de los Caídos. Paralelamente, proliferan las más diversas escuelas y tendencias en las artes figurativas, constituyendo un fenómeno sumamente característico.
Gracias por Visitar Nuestro Blog
Aquí encontraras abundante imformación de la Provincia de Madrid

GRACIAS POR VISITAR NUESTRO ESPACIO
Encuentra en el Mejor Portal de Mudanzas la Mudanza que Necesitas
VISITA MIS OTROS BLOGS
A Coruña, Álava, Albacete, Alicante, Almería, Asturias, Ávila, Badajoz, Barcelona, Burgos, Cáceres, Cádiz, Cantabria, Castellón, Ceuta, Ciudad Real, Córdoba, Cuenca, Girona, Granada, Guadalajara, Guipúzcoa, Huelva, Huesca, Ibiza, Jaén, La Rioja, Las Palmas, León, Lleida, Lugo, Málaga, Mallorca, Melilla, Murcia, Navarra, Ourense, Palencia, Pontevedra, Salamanca, Segovia, Sevilla, Soria, Tarragona, Tenerife, Teruel, Toledo, Valencia, Valladolid, Vizcaya, Zamora, Zaragoza,




